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“Cristo puede salvar hasta lo sumo a todos los que se acercan a
        él con fe. Si se lo permiten los limpiará de toda contaminación; pero si
        se aferran a sus pecados no hay posibilidad de que sean salvos, pues la
        justicia  de  Cristo  no  cubre  los  pecados  por  los  cuales  no  ha  habido
        arrepentimiento.  Dios  ha  declarado  que  aquellos  que  reciben  a  Cristo
        como a su Redentor, aceptándolo como Aquel que quita todo pecado,
        recibirán el perdón de sus transgresiones. Estas son las condiciones
        de nuestra elección. La salvación del hombre depende de que reciba a
        Cristo por fe. Los que no quieran recibirlo, pierden la vida eterna porque
        se niegan a aprovechar el único medio proporcionado por el Padre y el
        Hijo para la salvación de un mundo que perece”. 7CB, 942-943.
              Todos los Redimidos Cantan el Himno de Redención
          “Cuando la guerra terrenal haya terminado, y los santos estén todos
        reunidos en el hogar, nuestro primer tema será el cántico de Moisés, el
        siervo de Dios. El segundo tema será el cántico del Cordero, el cántico
        de  gracia  y  redención.  Este  canto  será  más  alto,  y  se  entonará  en
        estrofas más sublimes, resonando por los atrios celestiales. Así se canta
        el  cántico  de  la  providencia  de  Dios,  que  relaciona  las  variadas
        dispensaciones; porque todo se ve ahora sin que haya un velo entre lo
        legal, lo profético y el Evangelio. La historia de la iglesia en la tierra y la
        iglesia redimida en el cielo tienen su centro en la cruz del Calvario.  Este
        es el tema, éste es el canto - Cristo el todo y en todo -, en antífonas y
        alabanzas que resuenan por los cielos entonadas por millares y por diez
        mil  veces  diez  mil,  y  una  innumerable  compañía  de  la  hueste  de  los
        redimidos. Todos se unen en este cántico de Moisés y del Cordero.
        Es  un  cántico  nuevo,  porque  nunca  antes  se  ha  entonado  en  el
        cielo”. TM, 440.

                  El Mensaje de 1888 Era un Reavivamiento
                         de la Verdadera Justificación
          “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Juan
        1:29.
          “El Señor en su gran misericordia envió un muy precioso mensaje a
        su  pueblo.…  Este  mensaje  había  de  presentar  en  forma  más
        prominente  al  mundo  al  Salvador  levantado,  el  sacrificio  por  los
        pecados  del  mundo  entero.  Presentaba  la  justificación  por  la  fe  en  el
        Garante [Cristo]; invitaba al pueblo a recibir la justicia de Cristo, que
        se  manifiesta  en  la  obediencia  a  todos  los  mandamientos  de  Dios.
        Muchos habían perdido de vista a Jesús. Necesitaban dirigir sus ojos
        a su divina persona, a sus méritos, a su amor inalterable por la familia
        humana. Todo el poder es colocado en sus manos, y él puede dispensar
        ricos dones a los hombres, impartiendo el inapreciable don de su propia
        justicia  al  desvalido  agente  humano.  Este  es  el  mensaje  que  Dios
        ordenó que fuera dado al mundo. Es el mensaje del tercer ángel, que
        ha de ser proclamado en alta voz, y acompañado por el derramamiento


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