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Apocalipsis 3:21.
          “Nadie  fuera  de  aquellos  que  han  estado  venciendo  mediante  la
        sangre del Cordero y la Palabra de su testimonio serán contados con los
        leales y los fieles, con los que no tienen mancha ni arruga de pecado,
        con los que no tienen engaño en sus bocas”. 2MS, 436.
          “Muchos  se  están  engañando  al  creer  que  el  carácter  será
        transformado  cuando  venga  Cristo;  pero  cuando  él  aparezca  no  se
        convertirán  los corazones. Tendremos que habernos arrepentido de
        nuestros  defectos  de  carácter  y  tendremos  que  haberlos  vencido
        por la gracia de Cristo durante el tiempo de gracia”. MG, 243.
          “Con el fin de lograr ésta obra, debemos morir diariamente al yo. Dijo
        Pablo: ‘Cada día muero’”. 4T, 67.
          “Ciertamente  algunos  son  más  apasionados  que  otros;  pero  este
        espíritu  nunca  puede  armonizar  con  el  Espíritu  de  Dios.  El  hombre
        natural  debe  morir,  y  el  nuevo  hombre,  Cristo  Jesús,  debe  tomar
        posesión del alma, de modo que el seguidor de Jesús pueda decir con
        verdad: 'Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mi.'
          “El yo es difícil de vencer. No es fácil someter al Espíritu de Cristo la
        depravación humana en cada una de sus formas. Pero todos debieran
        sentirse impresionados con el hecho de que a menos que se obtenga
        esta victoria por medio de Cristo, no hay esperanza para ellos. La
        victoria  puede  ser  obtenida;  porque  nada  es  imposible  para  Dios.  Por
        medio  de  su  gracia  auxiliadora  todo  mal  carácter,  toda  depravación
        humana, pueden ser vencidos”. 4T, 348-349.
          “Como  todas  las  cosas  que  pertenecen  a  la  vida  y  a  la  piedad  nos
        sean dadas de su divina potencia, por el conocimiento de aquel que nos
        ha llamado por su gloria y virtud”. 2 Pedro 1:3.
          “Ninguno de nosotros necesita disculpar su temperamento rápido, su
        carácter  deformado,  su  egoísmo,  envidia,  celos,  o  cualquier  impureza
        del alma, el cuerpo o el espíritu. Dios nos ha llamado a gloria y a virtud.
        Nosotros debemos obedecer el llamado”. MG, 235.
          “Como hijos obedientes, no conformándoos con los deseos que antes
        teníais  estando  en  vuestra  ignorancia;  Sino  como  aquel  que  os  ha
        llamado es santo, sed también vosotros santos en toda conversación”. 1
        Pedro 1:14-15.
          “Cada alma hereda ciertos rasgos  anticristianos  de carácter.  Es
        obra  grande  y  noble  de  toda  la  vida  el  mantener  bajo  control  esas
        tendencias  hacia  el  mal.  Son  las  cosas  pequeñas  que  cruzan  nuestra
        senda  las  que  probablemente  nos  hacen  perder  el  poder  del  dominio
        propio”. ELC, 231.
          “Cada  día  debe  renovar  su  consagración,  cada  día  debe  batallar
        contra el pecado. Los hábitos antiguos, las tendencias hereditarias
        hacia el mal, se disputarán el dominio, y contra ellos debe siempre
        velar,  apoyándose  en  el  poder  de  Cristo  para  obtener  la  victoria”.
        HAp, 380.
          “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza

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