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Pedro 1:14,15.
“La santidad no es arrobamiento: es una entrega completa de la
voluntad a Dios; es vivir de toda palabra que sale de la boca de
Dios; es hacer la voluntad de nuestro Padre celestial; es confiar en
Dios en las pruebas y en la obscuridad tanto como en la luz; es
caminar por fe y no por vista; confiar en Dios sin vacilación y
descansar en su amor”. HAp, 42.
Esta es la obra de toda una vida, manteniéndonos completamente
entregados a Dios y andando conforme a su voluntad.
“La verdadera santificación es nada más y nada menos que amar a
Dios con todo el corazón, caminar en sus mandamientos y estatutos sin
mácula. La santificación no es una emoción sino un principio de origen
celestial que pone todas las pasiones y todas los deseos bajo el control
del Espíritu de Dios; y esta obra es realizada por medio de nuestro
Señor y Salvador”. FO, 89.
“Y el Dios de paz os santifique en todo; para que vuestro espíritu y
alma y cuerpo sea guardado entero sin reprensión para la venida de
nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os ha llamado; el cual también
lo hará”. 1 Tesalonicenses 5:23-24.
Creed Que Él lo Puede Hacer y Aceptad
“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario
que el Hijo del hombre sea levantado; para que todo aquel que en él
creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna”. Juan 3:14-15.
“Habéis confesado vuestros pecados y los habéis quitado de vuestro
corazón. Habéis resuelto entregaros a Dios. Id pues a él y pedidle que
os limpie de vuestros pecados y os dé un corazón nuevo. Creed que lo
hará porque lo ha prometido”. CC, 50.
“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo, para que condene al
mundo, más para que el mundo sea salvo por él”. Juan 3:17.
“Los efectos fatales del pecado pueden eliminarse tan sólo mediante
lo provisto por Dios. Los israelitas salvaban su vida mirando la serpiente
levantada en el desierto. Aquella mirada implicaba fe. Vivían porque
creían la palabra de Dios, y confiaban en los medios provistos para su
restablecimiento. Así también puede el pecador mirar a Cristo, y vivir”.
PP, 458.
“He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.
Juan 1:29.
“Mediante la cruz, el pecador fue rescatado de la fortaleza del pecado,
de la confederación del mal, y cada vez que se acerca a la cruz se
enternece su corazón y clama arrepentido: 'Fueron mis pecados los que
crucificaron al Hijo de Dios'. Deja sus pecados en la cruz y se
transforma su carácter por la gracia de Cristo. El Redentor levanta al
pecador del polvo y lo coloca bajo la dirección del Espíritu Santo.
Cuando el pecador contempla al Redentor, encuentra esperanza,
seguridad y gozo. La fe se aferra de Cristo con amor. La fe obra por el
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