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alma de la contaminación del pecado”. 4T, 625.
          “Cuando  el  soldado  atravesó  con  la  lanza  el  costado  de  Jesús
        mientras  pendía  de  la  cruz,  salieron  dos  raudales  distintos:  uno  de
        sangre,  y  el  otro  de  agua.  La  sangre  era  para  lavar  los  pecados  de
        aquellos  que  creyesen  en  su  nombre,  y  el  agua  había  de  representar
        aquella agua viva que se obtiene de Jesús para dar vida al creyente”.
        PE, 209.
          “No por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su
        misericordia  nos  salvó,  por  el  lavacro  de  la  regeneración,  y  de  la
        renovación  del  Espíritu  Santo;  El  cual  derramó  en  nosotros
        abundantemente  por  Jesucristo  nuestro  Salvador,  Para  que,
        justificados  por  su  gracia,  seamos  hechos  herederos  según  la
        esperanza de la vida eterna”. Tito 3:5-8.
          La  sangre  limpia  de  todo  pecado  y  el  agua  nos  brinda  un  nuevo
        nacimiento por medio del Espíritu Santo. Esto fue lo que Jesús le explicó
        a Nicodemo.
          “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere
        de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.  Lo que es
        nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
        No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez”. Juan
        3:5-7.
          “Sin  la  regeneración  por  medio  de  la  fe  en  su  sangre,  no  hay
        remisión  de  pecados,  ni  tesoro  alguno  para  el  alma  que  perece.”
        PVGM, 84.
          “Nuestra esperanza consiste en posesionarnos por fe viviente de esa
        sangre que limpia la vida y sostiene la vida”. CB7,  959.
          “Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún
        pecadores,  Cristo  murió  por  nosotros.  Luego  mucho  más  ahora,
        justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira”. Romanos 5:8-
        9.
          “En  el  cual  tenemos  redención  por  su  sangre,  la  remisión  de
        pecados”. Colosenses 1:14.
          “El  perdón  tiene  un  significado  más  abarcante  del  que  muchos
        suponen…. El perdón de Dios no es solamente un acto judicial por el
        cual libra de la condenación. No es sólo el perdón por el pecado. Es
        también una redención del pecado. Es la efusión del amor redentor
        que  transforma  el  corazón.  David  tenía  el  verdadero  concepto  del
        perdón cuando oró 'Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un
        espíritu recto dentro de mí'". DMJ, 97.
          La justificación no es solamente declararnos justos, sino limpiarnos
        de todos los pecados y crear en nosotros un nuevo corazón, una nueva
        actitud.  Esto  ocurre  cuando  nosotros  nos  entregamos  por  completo  a
        Dios y creemos que Él lo puede hacer.
          “Nadie sino Dios puede subyugar el orgullo del corazón humano. No
        podemos salvarnos a nosotros mismos.  No podemos regeneramos
        a nosotros mismos…. ¿Qué es la justificación por la fe? Es la obra

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