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entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su
        tierra”. 2 Crónicas 7:14.
          “El arrepentimiento verdadero induce  al hombre  a reconocer su
        propia maldad, sin engaño ni hipocresía”. CC, 40.
          Cuando Dios nos lleva al arrepentimiento no resulta difícil confesar y
        abandonar nuestros pecados y entregarnos a él.

                  Confesad y Abandonad Vuestros Pecados
                       y Entregadle Vuestro Corazón a Él
          “El que encubre sus pecados, no prosperará: Mas el que los confiesa
        y se aparta, alcanzará misericordia”. Proverbios 28:13.
          “Cristo puede salvar hasta lo sumo a todos los que se acercan a él
        con fe. Si se lo permiten los limpiará de toda contaminación; pero si se
        aferran a sus pecados no hay posibilidad de que sean salvos, pues la
        justicia de Cristo no cubre los pecados por los cuales no ha habido
        arrepentimiento”. CB7, 942.
          Jesús nunca nos encubre algún pecado. Él nos quiere limpiar de todo
        pecado.  ¿Pero  cómo  nos  puede  limpiar  si  no  le  entregamos  nuestros
        pecados? ¿Cómo puede él crear en nosotros corazones nuevos si no le
        entregamos nuestros viejos corazones?
          “Hay  muchos  que  tratan  de  reformarlo  corrigiendo  este  o  aquel  mal
        hábito, y esperan llegar a ser cristianos de esta manera, pero ellos están
        comenzando en un lugar erróneo. Nuestra primera obra tiene que ver
        con el corazón”. PVGM, 69.
          “Dame, hijo mío, tu corazón”. Proverbios 23:26.
          “Debemos  dar  a  Dios  todo  el  corazón  o,  de  otra  manera,  el
        cambio que se ha de efectuar en nosotros, y por el cual hemos de
        ser  transformados  conforme  a  su  semejanza,  jamás  se  realizará.
        Por  naturaleza  estamos  enemistados  con  Dios….  Estamos  enredados
        fuertemente en los lazos de Satanás, por el cual hemos 'sido apresados
        para  hacer  su  voluntad'  2  Timoteo  2:26.  Dios  quiere  sanarnos  y
        libertarnos.  Pero,  puesto  que  esto  demanda  una  transformación
        completa  y  la  renovación  de  toda  nuestra  naturaleza,  debemos
        entregarnos a él enteramente.
          “La  guerra  contra  nosotros  mismos  es  la  batalla  más  grande  que
        jamás  hayamos  tenido.  El  rendirse  a  sí  mismo,  entregando  todo  a  la
        voluntad  de  Dios,  requiere  una  lucha;  mas  para  que  el  alma  sea
        renovada en santidad, debe someterse antes a Dios”. CC, 42.
          “Que dejéis, cuanto a la pasada manera de vivir; el viejo hombre que
        está  viciado  conforme  a  los  deseos  de  error;  Y  a  renovarnos  en  el
        espíritu  de  vuestra  mente,  Y  vestir  el  nuevo  hombre  que  es  criado
        conforme a Dios en justicia y en santidad de verdad”. Efesios 4:22-24.
          “La vida del cristiano no es una modificación o mejora de la antigua,
        sino una transformación de la naturaleza. Se produce una muerte al yo
        y al pecado, y una vida enteramente nueva”. DTG, 143.


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