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toda mi familia.
          “Dios  nos  revela  nuestra  culpabilidad  para  que  nos  refugiemos  en
        Cristo y para que por él seamos librados de la esclavitud del pecado”.
        DMJ, 14.
          “Los culpables saben exactamente qué pecados han de confesar
        para que sus almas queden limpias delante de Dios. Jesús les esta
        dando  ahora  oportunidad  de  confesarlos,  y  arrepentirse  con
        profunda humildad”. 1T, 146.
          “Los  que  no  se  han  humillado  de  corazón  delante  de  Dios
        reconociendo  su  culpa,  no  han  cumplido  todavía  la  primera
        condición de la aceptación”. CC, 37.
          Si usted se impacienta o  se irrita con alguien, no los culpe, aunque
        ellos pudieron haber hecho mal. Reconozca su culpa, que usted no le
        representó  a  Cristo.  Si  sus  hijos  son  desobedientes,  no  necesitan  un
        padre enojado, necesitan ayuda y oraciones. El poder de Dios no puede
        obrar  en  su  disciplina  si  usted  no  utiliza  los  métodos  de  él.  Con
        frecuencia los padres culpan a los hijos cuando los primeros se enojan
        con  ellos,  de  manera  que  los  hijos  llevan  su  propia  carga  y  la  de  los
        padres. ¡Cuán triste! Luego los padres castigan a los hijos pero no oran
        con  ellos  ni  los  presentan  a  Jesús  para  perdón  y  sanación.  ¡Cuán
        infortunado! Así es como se desarrolla la raíz de la amargura.
          Cuando  mi  esposo  y  yo  comenzamos  a  entender  el  evangelio,
        llegamos a un profundo arrepentimiento y reconocimos cómo habíamos
        fallado el uno al otro y a nuestros hijos al no permitir que el amor de Dios
        nos controlara en nuestra relación el uno con el otro.
          Si usted no esta listo para reconocer su culpa, pero quiere ser salvo,
        puede acercarse a él de todas maneras y él le ayudará.
          “Venid a Cristo exactamente como estáis, y contemplad su amor
        hasta que vuestro corazón se quebrante.... Es la virtud que emana de
        Jesús  la  que  fortalece  los  propósitos  del  corazón  para  volverse  del
        pecado y para aferrarse a aquello que es verdad. La virtud de Cristo es
        la que hace el arrepentimiento sincero y genuino”. RH, 09/03/01.
          Al prepararme para regresar a casa de mi padre, yo oraba que Dios
        obraría para que mi familia me llamara y ofreciera pagar mis gastos de
        viaje  para  ir  y  compartir  con  ellos.  Quería  estar  segura  que  Dios  me
        estaba enviando.
          Alrededor  de  dos  meses  más  tarde  una  de  mis  hermanas  llamó:
        “¡Margaret, ayúdame!” “¿Qué ha ocurrido?” “Mi hija se ha escapado del
        hogar. Ella esta usando drogas. Anda con un hombre. No sé qué hacer”.
        Le respondí “Tom y yo acabamos de encontrar una experiencia con el
        Señor  hace  pocos  meses.  Sentimos  que  por  primera  vez  podíamos
        ayudar  a  un  pecador.  “¿Vendría  ella  a  visitarnos?”  “Desconozco  su
        paradero”, respondió mi hermana. “No te preocupes. Oraremos, y si le
        podemos ayudar Dios nos la enviará”.
          A los pocos días estaba en nuestra casa. El hombre con quien estaba
        viviendo la había abandonado y no sabiendo a dónde ir, se volvió para la

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