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“Así también vosotros, pensad que de cierto estáis muertos al
pecado, mas vivos a Dios en Cristo Jesús Señor nuestro”. Romanos
6:11.
¿Qué significa estar muertos al yo y al pecado pero vivos a Dios? Si
estamos muertos al yo y al pecado, hemos renunciado a nuestros
derechos al egoísmo y placeres mundanos. También habremos
renunciado a nuestros derechos a usar los métodos de Satanás para
pelear nuestras batallas. Él quiere obrar en nosotros la impaciencia,
irritación, resentimiento, ira, envidia, celo, lujuria, odio, amargura, y
rebelión. Pero cuando nos entregamos a Dios, él puede obrar en
nosotros su amor de manera que podemos tratar paciente y
amablemente con otros, perdonándolos y orando por ellos cuando nos
agravian. Este es el método de Dios para tratar con las personas que no
nos tratan amablemente. ¡Necesitan nuestras oraciones! No necesitan
ira o impaciencia o irritación. ¿Por qué hemos de permitirle a Satanás
que nos controle en nuestra respuesta a ellos?
De manera que acudí a Dios y dije: “¡Quiero morir al yo!” Renuncio a
mis derechos de actuar por los instintos de la baja naturaleza
pecaminosa. Renuncio a mi derecho a resentir a mi esposo no
importa lo que él haga. Renuncio a mi derecho a impacientar o
irritarme con los niños cuando ellos están teniendo lidia con sus propios
problemas. Más bien oraré por ellos y les ayudaré. Renuncio a mi
derecho de permitirle a Satanás obrar en mí sus métodos de disciplinar
a los niños. Renuncio a mí derecho de agitarme cuando otros no lo
hacen a mí manera. Quiero morir al yo y permitirle al Espíritu Santo que
controle mi espíritu.”
“Poned todo vuestro ser en las manos del Señor, alma, cuerpo y
espíritu, y resolved convertiros en su instrumento amante y
consagrado, impulsado por su voluntad, dominado por su mente,
saturado de su Espíritu”. HHD, 107.
“Existen aquellos que profesan ser seguidores de Jesucristo pero que
nunca han muerto al yo. Nunca han caído sobre la Roca ni han sido
quebrantados. A menos que esto suceda, vivirán para el yo, y si mueren
en ese estado, para siempre será demasiado tarde para que sus errores
sean corregidos”. FE, 284.
“Humillaos ante Dios, y esforzaos con fervor para echar fuera del
templo del alma todo desperdicio; toda envidia, todo celo, toda
sospecha, toda crítica. 'Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de
doble ánimo, purificad vuestros corazones'”. 5T, 152.
“No podemos consagrar una parte de nuestro corazón al Señor y la
otra al mundo. No somos hijos de Dios a menos que lo seamos
enteramente”. CC, 44.
“Con Dios no se jugará; Cristo no acepta un servicio dividido. Él exige
todo”. 4T, 214.
“Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todas las
cosas que posee, no puede ser mi discípulo”. Lucas 14:33.
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