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Reconoced Vuestra Culpabilidad
y Vuestra Necesidad de su Justicia
“Ve, y clama estas palabras hacia el aquilón, y di: Vuélvete, oh
rebelde Israel, dice Jehová; no haré caer mi ira sobre vosotros: porque
misericordioso soy yo, dice Jehová, no guardaré para siempre el enojo.
Conoce empero tu maldad, porque contra Jehová tu Dios has
prevaricado”. Jeremías 3:12-13.
Mientras yo visitaba a mi familia después de mi regreso de la India, y
estábamos discutiendo la justificación por fe, alguien sugirió que nos
arrodilláramos en un círculo y confesáramos cualquier problema que
hubiera entre nosotros. Mientras nos arrodilláramos, una de mis
hermanas miró a mi padre, esperando que él reconociera cuan
profundamente la había agraviado. Él no lo podía hacer, sino que se
levantó y salió de la casa. Yo le seguí, pensando protegerlo de sí
mismo, porque me acordaba que desde mi niñez que si mi padre tuviera
que asumir la culpa, él amenazaba con suicidarse. Le coloqué las
manos alrededor del cuello en un fuerte abrazo. Él no era más alto que
yo. Luego oré: “Señor,¿qué he de decirle a mí padre?” Dios me
impresionó a decir: “Papa, la razón por la cual te pones tan tenso
cuando todos tus hijos vienen a visitarte, es que tienes tanto miedo de
que hablemos acerca de nuestra niñez. ¡Has agraviado tan
profundamente a tus hijos! A la única que no has agraviado soy yo”. Él
pensó durante un instante, luego dijo, “¡Margaret, a ti también te he
agraviado!” ¿Qué estaba haciendo él? ¡Reconociendo su culpa!
Luego me llevó a su alcoba y el sentimiento de culpa simplemente se
derramó, aun los pecados de su juventud. La carga de culpabilidad lo
estaba apretujando y él no sabía qué hacer.
“Hombres que profesan ser seguidores de Cristo se hunden a un bajo
nivel, expresando siempre pesar por sus faltas, pero nunca venciendo y
aplastando a Satanás bajo la planta de sus pies. El sentimiento de culpa
y la condena constantemente sobrecargan el alma, y el clamor de los
tales bien puede ser: '¡Oh miserable hombre que soy yo! ¿Quién me
librará de este cuerpo de muerte?'” 6T, 52-53.
Él se había rebautizado hacía dos años antes, esperando que se
disipara el sentimiento de culpa, pero tan solo se volvió más pesado.
Nadie le había enseñado como llegar a la cruz, y colocar su carga a los
pies de Jesús. Él no comprendía el plan de salvación. Entonces
exclamó: “¡Margaret, ayúdame!”
¡Pero yo no sabía cómo ayudarle! Le habría podido decir: “Esfuérzate
un poquito más”, pero en ese instante yo sabía que no era la respuesta
correcta. ¡De manera que no dije nada! Tuve que dejarlo en esa
condición. Pero volví a casa y empecé a investigar para poder ayudarle
a mi padre. Mientras investigaba, descubrí mi propia condición perdida.
Entonces estudié para encontrar respuestas para mi propia necesidad, y
las encontré. Posteriormente el Señor me envió de nuevo a mi padre y
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