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el poder del evangelio? Tuvimos otra buena conversación, pero al día
siguiente estaba otra vez inaccesible.
Alrededor de una semana llegó a casa con un hombre, y me pidió que
le compartiera el evangelio. Por supuesto que accedí, pero después que
él se marchó, yo le dije: “¿Qué estas haciendo? ¡Lo estas tentando a
pecar, y luego me lo traes para yo enseñarle el evangelio!” “Sí lo sé”,
respondió. “¡Ahora creo que cualquiera puede ser salvo – excepto yo!”
¿Por qué seguía creyendo que era imposible para ella ser salva? ¿Cuál
era el obstáculo?
Le pedí a Dios que me mostrara cuál era el obstáculo que la estaba
frenando. Unos días después, al alistarse ella para partir a casa, Dios
me dio la respuesta. Le dije: “Si alguna vez quieres seguir a Jesús, no
empiece tratando de abandonar tus pecados. Empiece tratando de
conocer a Jesús. Pase horas sentada a sus pies, leyendo tu Biblia y El
Deseado de Todas las Gentes.¡Aprende a conocerlo! Sumérjase en las
cosas de Dios”. No dijo que lo fuera a hacer, y se fue. Pero seguimos
orando por ella.
Dos meses después nos llamó por teléfono. “He estado haciendo lo
que me recomendaste”, me dijo. “Durante dos meses me he sumergido
en la Palabra de Dios. He pasado horas leyendo acerca de Jesús. ¡Casi
no puedo creer lo que esta ocurriendo! Todo mi corazón y mente están
siendo atraídos hacia Jesús, y ¡ya ni siquiera me importa más el
pecado!”
¿Quién lo había hecho? ¿Quién la había llevado al arrepentimiento?
¿Quién le había cambiado su forma de pensar? El Espíritu Santo. ¿Por
qué? Porque ella le dio la oportunidad. Ella aprendió acerca de Cristo y
le permitió impresionar su corazón, y llevarla al arrepentimiento. Cuando
la madre vio el cambió en su hija, me llamó y me pidió que fuera a
enseñarle también y se ofreció a sufragar mis gastos de viaje. Ahora
estaba libre para ir a toda mi familia y compartir con ellos y ayudarles
también a encontrar el verdadero arrepentimiento del corazón.
Él Os Dará el Arrepentimiento
“A éste ha Dios ensalzado con su diestra, por Príncipe y Salvador,
para dar a Israel arrepentimiento y remisión de pecados”. Hechos 5:
31.
“Mediante la manifestación de su amor, mediante los ruegos de su
Espíritu, invita fervientemente a los hombres a que se arrepientan, pues
el arrepentimiento es don de Dios; y a quienes él perdona, los hace
arrepentirse previamente”. 1 MS, 380.
“El arrepentimiento comprende tristeza por el pecado y abandono del
mismo. No renunciaremos al pecado a menos que veamos su
pecaminosidad; mientras no lo repudiemos de corazón, no habrá cambio
real en la vida”. CC, 21.
“Si se humillare mi pueblo, sobre los cuales ni nombre es invocado, y
oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos;
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