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impureza  del  pensamiento  y  toda  pasión  lasciva  separan  al  alma  de
        Dios; porque Cristo nunca puede colocar su manto de justicia sobre un
        pecador, para ocultar su deformidad”. OHC, 214.
          “La justicia de Cristo no es un manto para cubrir pecados que no
        han sido confesados ni abandonados; es un principio de vida que
        transforma el carácter y rige la conducta. La santidad es integridad
        para  con  Dios:  es  la  entrega  total  del  corazón  y  la  vida  para  que
        revelen los principios del cielo”. DTG, 509.
          “Como  siervos  de  Cristo,  haciendo  de  ánimo  la  voluntad  de  Dios”.
        Efesios 6:6.
          “Toda  verdadera  obediencia  proviene  del  corazón.  La  de  Cristo
        procedía del corazón. Y si nosotros consentimos, se identificará de tal
        manera  con  nuestros  pensamientos  y  fines,  amoldará  de  tal  manera
        nuestro corazón y mente en conformidad con su, voluntad, que cuando
        le  obedezcamos  estaremos  tan  sólo  ejecutando  nuestros  propios
        impulsos. La voluntad, refinada y santificada, hallará su más alto deleite
        en  servirle.  Cuando  conozcamos  a  Dios  como  es  nuestro  privilegio
        conocerle,  nuestra  vida  será  una  vida  de  continua  obediencia”.  DTG,
        621.
          “Empero  gracias  a  Dios,  que  aunque  fuisteis  siervos  del  pecado,
        habéis  obedecido  de  corazón  a  aquella  forma  de  doctrina  a  la  cual
        sois  entregados;  y  libertados  del  pecado,  sois  hechos  siervos  de  la
        justicia”. Romanos 6:17.
          “Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de
        Jesucristo,… según el mandamiento del Dios eterno, declarado a todas
        las gentes para que obedezcan a la fe”. Romanos 16:25-26.
          A  mi  se  me  había  enseñado  la  obediencia  a  la  ley,  pero  no  había
        entendido la obediencia a la fe.
          “La verdadera obediencia es el resultado de la obra efectuada por
        un principio implantado dentro”. PVGM, 70.
          “Si nuestros corazones son regenerados a la semejanza de Dios, si el
        amor divino es implantado en el corazón, ¿no se manifestará la ley de
        Dios en la vida?... En vez de que la fe exima al hombre de la obediencia,
        es la fe, y sólo ella, la que lo hace participante de la gracia de Cristo y lo
        capacita para obedecerlo”. CC, 60.
          “Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros,
        pues  es  don  de  Dios:  No  por  obras,  para  que  nadie  se  gloríe.
        Porque somos hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas
        obras,  las  cuales  Dios  preparó  para  que  anduviésemos  en  ellas”.
        Efesios 2:8-10.
          “Mediante la gracia de Cristo viviremos obedeciendo a la ley de Dios
        escrita en nuestro corazón. Al poseer el Espíritu de Cristo, andaremos
        como él anduvo”. PP, 389.
          “Como hijos obedientes, no conformándoos con los deseos que antes
        teníais  estando  en  vuestra  ignorancia;    Sino  como  aquel  que  os  ha
        llamado es santo, sed también vosotros santos en toda conversación”. 1

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