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“Después de su transgresión, desapareció de Adán el halo de gloria
que Dios le había dado cuando era santo, y que lo cubría como un
manto. La luz de la gloria de Dios no podía cubrir la desobediencia y el
pecado”. 1MS, 317.
“Yo debo hablar la verdad a todos. Los que han aceptado la luz de la
Palabra de Dios, nunca, nunca han de dejar la impresión en las mentes
humanas de que Dios tolerará sus pecados”. 1MS, 135.
“Jesús está ahora en el lugar santísimo para presentarse por
nosotros delante de Dios. Allí no cesa momento tras momento de
presentar a su pueblo completo en él; pero porque somos
presentados así ante el Padre celestial, no debemos imaginarnos que
debemos abusar de su misericordia y volvernos descuidados,
indiferentes y desenfrenados. Cristo no es ministro de pecado.
Somos completos en él, aceptados en el Amado, pero sólo si
permanecemos en él por fe”. 7CB, 945.
“Y si buscando nosotros ser justificados en Cristo, también nosotros
somos hallados pecadores, ¿es por eso Cristo ministro de pecado? En
ninguna manera. Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo
a edificar, transgresor me hago”. Gálatas 2:17-18.
“Nadie que en verdad ame y tema a Dios continuará transgrediendo la
ley en ningún aspecto particular. Cuando el hombre transgrede está bajo
la condenación de la ley, y ésta se convierte para él en yugo de
esclavitud. Sea cuál sea la profesión que pueda hacer, él no está
justificado, lo cual significa perdonado”. ML, 250.
“Porque no los oidores de la ley son justos para con Dios, mas los
hacedores de la ley serán justificados”. Romanos 2:13.
“Pero al paso que Dios puede ser justo y sin embargo justificar al
pecador por los méritos de Cristo, nadie puede cubrir su alma con
el manto de la justicia de Cristo mientras practique pecados
conocidos, o descuide deberes conocidos. Dios requiere la entrega
completa del corazón antes de que pueda efectuarse la
justificación. Y a fin de que el hombre retenga la justificación, debe
haber una obediencia continua mediante una fe activa y viviente
que obre por el amor y purifique el alma.…
“A fin de que el hombre sea justificado por la fe, la fe debe
alcanzar un punto donde domine los afectos e impulsos del
corazón; y mediante la obediencia, la fe misma es hecha perfecta”.
1MS, 429.
“La justicia de Cristo no es un manto para cubrir pecados que no
han sido confesados ni abandonados; es un principio de vida que
transforma el carácter y rige la conducta. La santidad es integridad para
con Dios: es la entrega total del corazón y la vida para que revelen los
principios del cielo”. DTG, 509.
“La religión del Evangelio es Cristo en la vida -un principio vivo y
activo. Es la gracia de Cristo revelada en el carácter y desarrollada en
las buenas obras”. PVGM, 316.
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