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“La justificación es un perdón pleno y completo del pecado. Un
pecador es perdonado en el mismo momento en que acepta a Cristo por
la fe. Se le atribuye la justicia de Cristo, y no debe dudar más de la
gracia perdonadora de Dios”. 6CB, 1071.
“David fue perdonado de sus transgresiones porque humilló su
corazón ante Dios, con arrepentimiento y contrición de alma, y creyó que
se cumpliría la promesa de perdón de Dios. Confesó su pecado, se
arrepintió y se reconvirtió. En el arrobamiento de la seguridad del
perdón, exclamó: 'Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido
perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien
Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño'. Se
recibe la bendición gracias al perdón; se recibe el perdón por la fe en
que el pecado que se ha confesado, y del cual uno se ha arrepentido, lo
carga Aquel que lleva todos los pecados”. 3CB, 1164.
“Quienquiera que bajo la reprensión de Dios humille su alma con la
confesión y el arrepentimiento, tal como lo hizo David, puede estar
seguro de que hay esperanza para él. Quienquiera que acepte por la fe
las promesas de Dios, hallará perdón. Jamás rechazará el Señor a un
alma verdaderamente arrepentida. El ha dado esta promesa:... 'Deje el
impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos: y vuélvase a
Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será
amplio en perdonar'”. PP, 786.
“Perdón y justificación son una y la misma cosa”. 6CB, 1070.
“Ser perdonados en la forma en que Cristo perdona es no solamente
ser perdonados, sino ser renovados en el espíritu de nuestra mente”.
3MS, 216-217.
“David tenía el verdadero concepto del perdón cuando oró "Crea en
mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de mí".
DMJ, 97.
Jesús No Tuvo Ventaja Sobre los Santificados
“Empero vemos coronado de gloria y de honra, por el padecimiento
de muerte, a aquel Jesús que es hecho un poco menor que los ángeles,
para que por gracia de Dios gustase la muerte por todos. Porque
convenía que aquel por cuya causa son todas las cosas, y por el cual
todas las cosas subsisten, habiendo de llevar a la gloria a muchos hijos,
hiciese consumado por aflicciones al autor de la salud de ellos. Porque
el que santifica y los que son santificados, de uno son todos: por lo
cual no se avergüenza de llamarlos hermanos”. Hebreos 2:9-11.
“Jesucristo es nuestro ejemplo en todas las cosas. Él empezó su
vida, pasó por sus experiencias, y terminó su registro, con una
voluntad humana santificada. Él fue tentado en todos los puntos como
nosotros lo somos y no obstante al mantener su voluntad rendida y
santificada, nunca cedió en el más mínimo grado a hacer el mal, o a
manifestar rebelión contra Dios”. ST, 10/29/94.
“Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la
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