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“Cristo, que habita en el alma, ejerce un poder transformador, y el
aspecto externo da testimonio de la paz y del gozo que reinan en lo
interior. Bebemos del amor de Cristo así como la rama obtiene su
alimento de la vid. Si estamos injertados en Cristo, si fibra tras fibra
hemos sido unidos con la Vid viviente, daremos evidencias de ese
hecho dando ricos racimos de fruto viviente”. 1MS, 395-396.
“Por sus frutos los conoceréis”. Mateo 7:16.
“La gracia interior se manifestará en las acciones exteriores”. 5T,
536.
“La justicia exterior da testimonio de la justicia interior. El que es
justo por dentro, no muestra corazón duro ni falta de simpatía, sino que
día tras día crece a la imagen de Cristo y progresa de fuerza en fuerza.
Aquel a quien la verdad santifica, tendrá dominio de sí mismo y seguirá
en las pisadas de Cristo hasta que la gracia dé lugar a la gloria. La
justicia por la cual somos justificados es imputada; la justicia por la
cual somos santificados es impartida. La primera es nuestro
derecho al cielo; la segunda, nuestra idoneidad para el cielo”. MJ,
32.
Recibir a Cristo en la vida es la primera justificación, nuestro derecho
al cielo. Vivir mediante su poder es la segunda justificación, nuestra
idoneidad para el cielo.
“Mediante la fe en su nombre, él nos imputa la justicia y se hace un
principio viviente en nuestra vida”. FDC, 304.
“El imparte su gracia imputada y poder a todos los que lo reciben por
fe”. 7CB, 941.
“Recibiendo su justicia que nos imputa mediante el poder
transformador del Espíritu Santo, llegamos a ser como él”. 6CB, 1098.
Cristo viviendo en nosotros (la justicia imputada) produce los frutos
del Espíritu (la justicia impartida). La ilustración de la viña y la rama es el
diagrama que Jesús nos dio para indicar su relación con sus seguidores.
“De la misma manera que la savia de la vid circula a través de los
tallos y los racimos, desciende a las fibras más bajas y alcanza a la hoja
más alta, la gracia y el amor de Cristo deben arder y llenar el alma,
enviando sus virtudes a todo el ser y saturando toda manifestación del
cuerpo y la mente”. HHD, 78.
“Que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser corroborados
con potencia en el hombre interior por su Espíritu. Que habite Cristo por
la fe en vuestros corazones; para que, arraigados y fundados en
amor,… para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios”. Efesios 3:16-
19.
“Las inagotables provisiones del Cielo están a su disposición. Cristo
les da el aliento de su propio espíritu, la vida de su propia vida. El
Espíritu Santo despliega sus más altas energías para obrar en el
corazón y la mente”. DTG, 767-768.
“Luego con Cristo trabajando dentro de uno, uno llegará a manifestar
el mismo espíritu y realizará las mismas buenas obras – obras de
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