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los cielos es perfecto'". DTG, 278.
“La vida de Cristo representa una perfecta naturaleza humana. Él fue
en naturaleza humana precisamente lo que usted puede ser. Él tomó
nuestras debilidades. No sólo fue hecho carne, sino fue hecho a
semejanza de carne de pecado”. 5CB, 1098.
“Jesús no reveló cualidades ni ejerció facultades que los
hombres no pudieran tener por la fe en él. Su perfecta humanidad
es lo que todos sus seguidores pueden poseer si quieren vivir
sometidos a Dios como él vivió”. DTG, 619-620.
“A Jesús, quien se entregó por entero para la salvación de la
humanidad perdida, se le dio sin medida el Espíritu Santo. Así será dado
también a cada seguidor de Cristo siempre que le entregue su corazón
como morada. Nuestro Señor mismo nos ordenó: 'Sed llenos del
Espíritu'”. DMJ, 22.
“Por esta causa doblo mis rodillas al Padre de nuestro Señor
Jesucristo…. Que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser
corroborados con potencia en el hombre interior por su Espíritu. Que
habite Cristo por la fe en vuestros corazones…. para que seáis llenos de
toda la plenitud de Dios”. Efesios 3:14-19.
“Porque en él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente: Y
en él estáis cumplidos”. Colosenses 2:9-10.
“En Cristo habitaba la plenitud de la Deidad corporalmente. Por
eso, aunque fue tentado en todo como lo somos nosotros, se
mantuvo ante el mundo, desde que entró por primera vez en él,
incontaminado por la corrupción, aunque estuvo rodeado por ella.
¿No debemos también nosotros llegar a ser participantes de esa
plenitud, y no es así y únicamente así como podemos vencer como
él venció? Perdemos mucho al no meditar constantemente en el
carácter de Cristo”. 7CB, 919.
“Él vino a este mundo y vivió una vida sin pecado, para que en su
poder su pueblo también pudiera vivir vidas sin pecado. Él desea que
ellos al practicar los principios de la verdad muestren al mundo que la
gracia de Dios tiene poder para santificar el corazón”. RH, 04/01/02.
“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos
sean dadas de su divina potencia, por el conocimiento de aquel que nos
ha llamado por su gloria y virtud: Por las cuales nos son dadas preciosas
y grandísimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes
de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que está en el
mundo por concupiscencia”. 2 Pedro 1:3-4.
“Si llegamos a ser participantes de la naturaleza divina podemos
ser puros, santos e inmaculados”. 3MS, 147.
“Ninguno de nosotros necesita disculpar su temperamento rápido, su
carácter deformado, su egoísmo, envidia, celos, o cualquier impureza
del alma, el cuerpo o el espíritu. Dios nos ha llamado a gloria y a virtud.
Nosotros debemos obedecer el llamado”. MG, 235.
“Si habéis pues resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba,
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