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justos  a  nosotros  mismos.  Puesto  que  somos  pecadores  y  malos,  no
        podemos  obedecer  perfectamente  una  ley  santa.  No  tenemos  por
        nosotros mismos justicia con que cumplir lo que la ley de Dios demanda.
        Más Cristo nos ha preparado una vía de escape. Vivió sobre la tierra en
        medio de pruebas  y tentaciones tales como las que nosotros tenemos
        que arrostrar. Sin embargo, su vida fue impecable. Murió por nosotros y
        ahora ofrece quitarnos nuestros pecados y vestirnos de su justicia. Si os
        entregáis a él y lo aceptáis como vuestro Salvador, por pecaminosa que
        haya  sido  vuestra  vida,  seréis  contados  entre  los  justos  por
        consideración  a  él.  El  carácter  de  Cristo  toma  el  lugar  del  vuestro,  y
        vosotros sois aceptados por Dios como si no hubierais pecado.
          “Más  aún,  Cristo  cambia  el  corazón.  Habita  en  vuestro  corazón
        por la fe. Debéis mantener esta comunión con Cristo por la fe y la
        sumisión continua de vuestra voluntad a él; mientras hagáis esto,
        él  obrará  en  vosotros  para  que  queráis  y  hagáis  conforme  a  su
        voluntad. Así podréis decir: 'Aquella vida que ahora vivo en la carne, la
        vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó, y se dio a sí mismo por
        mí''.... De modo que si Cristo obra en vosotros, manifestaréis el mismo
        espíritu y haréis las mismas obras: obras de justicia y obediencia”. CC,
        61-63.
          “Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de
        Jesucristo,… según el mandamiento del Dios eterno, declarado a todas
        las gentes para que obedezcan a la fe”. Romanos 16:25-26.
          “Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo
        Jesús, los que no andan conforme a la carne, mas conforme al Espíritu.
        Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley
        del  pecado  y  de  la  muerte.  Porque  lo  que  era  imposible  a  la  ley,  por
        cuanto era débil por la carne, Dios enviando a su Hijo en semejanza de
        carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne;
        Para  que  la  justicia  de  la  ley  fuese  cumplida  en  nosotros,  que  no
        andamos conforme a la carne, mas conforme al Espíritu”. Romanos 8:1-
        4.
          “Los  discípulos  de  Cristo  debían  buscar  una  justicia  diferente  de  la
        justicia de los fariseos, si querían entrar en el reino de los cielos. Dios
        les ofreció, en su Hijo, la justicia perfecta de la ley. Si querían abrir sus
        corazones para recibir plenamente a Cristo, entonces la vida misma de
        Dios, su amor, moraría en ellos, transformándolos a su semejanza; así,
        por el don generoso, de Dios, poseerían la justicia exigida por la ley …
        que  son  en  sí  mismos  una  reproducción  del  carácter  de  Cristo”.
        DMJ, 50-51.
          “Hay dos errores contra los cuales los hijos de Dios, particularmente
        los  que  apenas  han  comenzado  a  confiar  en  su  gracia,  deben
        especialmente guardarse. El primero, sobre el que ya se ha insistido, es
        el de fijarse en sus propias obras, confiando en alguna cosa que puedan
        hacer, para ponerse en armonía con Dios. El que está procurando llegar
        a  ser  santo  mediante  sus  propios  esfuerzos  por  guardar  la  ley,  está

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