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tus obras, que ni eres frío, ni caliente. ¡Ojalá fueses frío, ó caliente! Más
porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”.
Apocalipsis 3:14-16.
“El mensaje a Laodicea se aplica al pueblo de Dios que profesa creer
la verdad presente. La mayor parte de ellos son tibios profesos”. 4T,
87.
Laodicea no significa “tibio” sino “un pueblo juzgado”. Estamos
viviendo en el tiempo del juicio y al contemplar el Señor a su iglesia, él
descubre que la mayoría esta tibia, y él desea que ellos comprendan su
verdadera condición.
El siguiente diagrama ilustra las tres clases de personas mencionadas
en el mensaje a Laodicea.
Los calientes han experimentado el nuevo nacimiento y experimentan
la necesidad diaria de permitirle al Espíritu Santo controlar su espíritu. Si
fracasan, no excusan sus pecados, sino que rápidamente piden perdón
y limpieza. Los fríos saben que ellos no tienen una relación salvífica con
Dios. Pero los tibios creen que están bien con Dios, no sabiendo que
están perdidos.
“Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo
necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y
miserable y pobre y ciego y desnudo”. Apocalipsis 3:17.
“Cuán claramente se describe la posición de los que creen que tienen
toda la verdad, que se enorgullecen de su conocimiento de la Palabra de
Dios, al paso que no se ha sentido en su vida el poder santificador de
ella”. 1MS, 418.
“Si la vida íntima de muchos de los que profesan la verdad se les
presentase a plena vista, no profesarían que son cristianos”. 5T, 151.
“Podrían estar clamando: 'Templo de Jehová, templo de Jehová es
éste' mientras los atrios del templo del alma pueden ser antros de
envidia, orgullo, pasión, malas sospechas, amargura y hueco
formalismo. Cristo contempla apesadumbrado a los que profesan ser su
pueblo, que se sienten ricos y enriquecidos en el conocimiento de la
verdad, no obstante lo cual no manifiestan la verdad en su vida y en su
carácter”. CDCD, 228.
“La obra interna de la gracia falta en sus corazones”. 4T, 88.
“¡Qué mayor engaño puede penetrar en las mentes humanas que la
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