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pecado ha cerrado la puerta del corazón. Tan pronto como consintamos
en renunciar al pecado, a reconocer nuestra culpabilidad, se quitará la
barrera que separa al alma del Salvador”. 1MS, 382.
“Vi que muchos tienen tanta escoria acumulada ante la puerta del
corazón que no pueden abrirla. Algunos tienen que eliminar las
dificultades que tienen con sus hermanos. Otros tienen que eliminar el
mal genio o la codicia antes que puedan abrir la puerta. Otros colocan el
mundo delante de la puerta de su corazón, y así la cierran. Toda esta
escoria tiene que ser quitada. Entonces podrán abrir la puerta y dar la
bienvenida al Salvador”. 1T, 135-136.
“La expulsión del pecado es obra del alma misma. Por cierto, no
tenemos poder para librarnos a nosotros mismos del dominio de
Satanás; pero cuando deseamos ser libertados del pecado, y en nuestra
gran necesidad clamamos por un poder exterior y superior a nosotros,
las facultades del alma quedan dotadas de la fuerza divina del Espíritu
Santo y obedecen los dictados de la voluntad, en cumplimiento de la
voluntad de Dios”. DTG, 431-432.
“Humillaos ante Dios, y esforzaos con fervor para echar fuera del
templo del alma todo desperdicio: toda envidia, todo celo, toda
sospecha, toda crítica. 'Pecadores, limpiad las manos; y vosotros de
doble ánimo, purificad vuestros corazones'. Santiago 4:8-10”. 5T, 152.
¿Cómo logro esto? Orad, Señor, he aquí mi corazón, con toda su
carga de pecado, mis resentimientos, mi amargura, mi odio, mi falta por
echarle a otros la culpa de mis pecados de irritabilidad e impaciencia – o
lo que hubiere en su corazón. Toma mi corazón y límpiame de todo
pecado y crea en mí un nuevo corazón y entra en mí vida y concédeme
poder mediante su Espíritu Santo. Jesús lo puede hacer hoy si le
entregamos todo a él.
“Si se lo pedimos, el Señor nos dará el Espíritu Santo para limpiar la
habitación del alma; porque a todo cuarto del templo de Dios se debe
entrar para purificarlo”. RH, 09/10/95.
“Cuando uno ha quedado completamente despojado del yo, cuando
todo falso dios es excluido del alma, el vacío es llenado por el influjo del
Espíritu de Cristo. El tal tiene la fe que purifica el alma de la
contaminación. Queda conformado con el Espíritu, y obedece a las
cosas del Espíritu. No tiene confianza en si mismo. Para él, Cristo es
todo y está en todo”. OE, 304.
Si somos conscientes de nuestra condición perdida no habrá
necesidad para sentirnos desanimados. Dios tiene un maravilloso plan
para salvarnos y darnos poder para vivir la vida santificada. Debemos
descubrir su plan y entonces cooperar con él.
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