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entregar a Jesús, su Hijo amado, como holocausto por el pecado, le
capacita para decir, sin violar ni un solo principio de su gobierno:
'Entrégate a mí; dame tu voluntad;' apártala del control de Satanás, y yo
me apoderaré de ella; entonces yo podré obrar en ti tanto el querer
como el poder mi santa voluntad”. 5T, 486.
“Por medio de la voluntad, el pecado retiene su dominio sobre
nosotros”. DMJ, 55.
“El tentado necesita comprender la verdadera fuerza de la
voluntad. Ella es el poder gobernante en la naturaleza del hombre, la
facultad de decidir y elegir. Todo depende de la acción correcta de la
voluntad. El desear lo bueno y lo puro es justo; pero si no hacemos más
que desear, de nada sirve. Muchos se arruinarán mientras esperan y
desean vencer sus malas inclinaciones. No someten su voluntad a
Dios. No escogen servirle.
“Dios nos ha dado la facultad de elección; a nosotros nos toca
ejercitarla. No podemos cambiar nuestros corazones ni dirigir
nuestros pensamientos, impulsos y afectos. No podemos hacernos
puros, propios para el servicio de Dios. Pero sí podemos escoger el
servir a Dios; podemos entregarle nuestra voluntad, y entonces él obrará
en nosotros el querer y el hacer según su buena voluntad. Así toda
nuestra naturaleza se someterá a la dirección de Cristo.
“Mediante el debido uso de la voluntad, cambiará enteramente la
conducta. Al someter nuestra voluntad a Cristo, nos aliamos con el
poder divino. Recibimos fuerza de lo alto para mantenernos firmes. Una
vida pura y noble, de victoria sobre nuestros apetitos y pasiones, es
posible para todo el que une su débil y vacilante voluntad a la
omnipotente e invariable voluntad de Dios”. MC, 131-132.
“Los seres celestiales obrarán con el agente humano que con
determinada fe busque esa perfección de carácter que alcanzará la
perfección en la acción. Cristo dice a cada uno de los que se ocupan en
su obra: Estoy a tu mano derecha para ayudarte.
“Cuando la voluntad del hombre coopera con la voluntad de Dios,
llega a ser omnipotente. Cualquier cosa que debe hacerse por orden
suya, puede llevarse a cabo con su fuerza. Todos sus mandatos son
habilitaciones”. PVGM, 267-268.
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Filipenses 4:13.
“Sin el poder divino, ninguna reforma verdadera puede llevarse a
cabo. Las vallas humanas levantadas contra las tendencias naturales y
fomentadas no son más que bancos de arena contra un torrente. Sólo
cuando la vida de Cristo es en nuestra vida un poder vivificador
podemos resistir las tentaciones que nos acometen de dentro y de
fuera”. MC, 92.
“Cuando el alma se entrega a Cristo, un nuevo poder se posesiona
del nuevo corazón. Se realiza un cambio que ningún hombre puede
realizar por su cuenta. Es una obra sobrenatural, que introduce un
elemento sobrenatural en la naturaleza humana. El alma que se entrega
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