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que yo no tenía nada que ofrecerle a un pecador. Podría haber dicho
“¡Intente un poco más duro, papa! Pero él había estado tratando toda su
vida, y en ese momento supe que esa no era la respuesta adecuada. De
manera que permanecí en silencio.
Volví a casa, decidida a hacer algo para ayudarle a mi padre. Empecé
a buscar diligentemente para descubrir qué significaba en realidad ser
un cristiano. Al principio esto era aburridor, pero seguía buscando y
gradualmente la Biblia se volvió agua viva y pan vivo para mi alma.
“A medida que se alimenten de su Palabra, hallarán que es espíritu
y vida. La Palabra destruye la naturaleza terrenal y natural e imparte
nueva vida en Cristo Jesús”. DTG, 355.
Al estudiar, encontraba respuestas, y por primera vez me di cuenta
que tenía tan solo una forma de santidad, pero no el poder del
evangelio. Aparentemente podía guardar la ley exterior pero no sabía
como entregarle mi espíritu para ser controlado por el Espíritu de Dios
para tener la obediencia de la fe.
“Muchos de los que se llaman cristianos, son meros moralistas
humanos. La obra del Espíritu Santo es para ellos una obra
extraña”. PVGM, 256.
Debido a que yo estaba naturalmente inclinada a ser cooperadora, y
por cuanto había sido enseñada por mis padres a obedecerlos y también
a Dios, inconscientemente llegué a confiar en mi obediencia. Me creía
una cristiana exitosa.
“Muchos hay que están en triste ignorancia acerca del plan de
salvación; necesitan más instrucción acerca de este tema de suma
importancia que en cuanto a cualquier otro.” EV, 139.
“Porque yo les doy testimonio que tienen celo de Dios, mas no
conforme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios, y
procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la
justicia de Dios”. Romanos 10:2-3.
“La fe genuina se apropia de la justicia de Cristo y el pecador es
hecho vencedor con Cristo, pues se lo hace participante de la naturaleza
divina, y así se combinan la divinidad y la humanidad.
“El que está intentando alcanzar el cielo por sus propias obras al
guardar la ley, está intentando un imposible. El hombre no puede ser
salvado sin la obediencia, pero sus obras no deben ser propias. Cristo
debe efectuar en él tanto el querer como el hacer la buena voluntad de
Dios”. 1MS, 426-427.
“Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues
es don de Dios: No por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos
hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales
Dios preparó para que anduviésemos en ellas”. Efesios 2:8-10.
Cuando yo empecé a compartir mis descubrimientos con mi esposo,
él se unió conmigo en la búsqueda. Él había sido un ministro durante
veinte años, pero tampoco había entendido la experiencia del evangelio.
“Necesitamos ser iluminados acerca del plan de salvación. No
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