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Por el contrario, el sendero que conduce a la vida, el angosto, y
estrecha la entrada. Si nos aferramos a algún pecado predilecto,
hallaremos la puerta demasiado estrecha. Si deseamos continuar en el
camino de Cristo, debemos renunciar a nuestros propios caminos, a
nuestra propia voluntad y a nuestros malos hábitos y prácticas”. DMJ,
117.
“La regeneración es el único sendero que da acceso a la ciudad
de Dios. Este sendero es estrecho y la puerta por la que se debe pasar
angosta; sin embargo, por este camino debemos conducir a hombres,
mujeres y niños, enseñándoles que para salvarse, deben poseer un
corazón y espíritu nuevos. Los antiguos rasgos de carácter hereditarios
deben ser vencidos. Los deseos naturales del alma deben cambiar.
Toda malicia, toda mentira, toda calumnia, deben eliminarse. Debe
vivirse la vida nueva que nos hace parecernos a Cristo”. 9T, 20.
“Muchos de los que profesan seguir a Cristo no tienen una
religión genuina. No revelan en sus vidas el fruto de la verdadera
conversión. Están controlados por los mismos hábitos, por el mismo
espíritu de crítica y de egoísmo, los cuales los controlaban antes de que
aceptaran a Cristo”. RH 07/30/01.
“Debemos saber lo que debemos hacer para ser salvos.… Debemos
cumplir las condiciones trazadas en la Palabra de Dios, o morir en
nuestros pecados. Debemos saber qué cambios morales es esencial
hacer en nuestro carácter, por la gracia de Cristo, a fin de ser aptos
para las mansiones celestiales”. 5T, 505.
“Nadie preste oídos al engaño tan agradable al corazón humano de
que Dios aceptará la sinceridad, no importa cuál sea la fe, no importa
cuán imperfecta sea la vida. Dios requiere de sus hijos perfecta
obediencia.
“Para poder hacer frente a los requerimientos de la ley, nuestra fe
debe aferrarse de la justicia de Cristo, aceptándola como su justicia.
Mediante la unión con Cristo, mediante la aceptación de su justicia por la
fe, podemos ser hechos idóneos para realizar las obras de Dios, para
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