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“Así  que,  hermanos,  deudores  somos,  no  a  la  carne,  para  que
        vivamos conforme a la carne: Porque si viviereis conforme a la carne,
        moriréis;  más  si  por  el  espíritu  mortificáis  las  obras  de  la  carne,
        viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los
        tales son hijos de Dios…. si empero padecemos juntamente con él, para
        que juntamente con él seamos glorificados”. Romanos 8:12-17.
          “Cristo  sufrió  intensamente  bajo  los  ultrajes  y  los  insultos.  En
        manos  de  los  seres  a  quienes  había  creado  y  en  favor  de  los  cuales
        estaba haciendo un sacrificio infinito, recibió toda indignidad”. DTG, 649.
          “Pero  si  bien  Satanás  podía  afligir,  no  podía  contaminar;  podía
        ocasionar angustia, pero no profanar. Hizo de la vida de Cristo una larga
        escena de conflicto y prueba”. PR, 517.
          “Vosotros  no  tenéis  una  dificultad,  que  no  haya  gravitado  con  el
        mismo  peso  sobre  él,  no  tenéis  una  tristeza  que  su  corazón  no  haya
        experimentado. Sus sentimientos podían ser heridos, por el descuido y
        la  indiferencia  de  sus  amigos  profesos,  tan  fácilmente  como  los
        vuestros. ¿Es espinoso vuestro camino? El de Cristo lo fue diez veces
        más. ¿Estáis angustiados? También él lo estuvo. ¡Con cuánta propiedad
        Cristo puede ser nuestro ejemplo”. DC, 104.
          “Porque para esto sois llamados; pues que también Cristo padeció por
        nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas: El
        cual no hizo pecado; ni fue hallado engaño en su boca: Quien cuando le
        maldecían no retornaba maldición: cuando padecía, no amenazaba, sino
        remitía la causa al que juzga justamente”. 1 Pedro 2:21-23.
          “Aunque él sentía toda la fuerza de la pasión de la humanidad, nunca
        cedió a la tentación de hacer un solo acto que no fuera puro, elevador y
        ennoblecedor”. ELC, 155.
          El término pasión en sí es de género neutro (en inglés), refiriéndose
        simplemente a fuertes sentimientos y emociones, sean buenas o malas.
        Cristo nunca permitió que sus pasiones fueran malas.
          “Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean
        santificados en verdad”. Juan 17:19.
          “La  santificación  no  es  una  emoción  sino  un  principio  de  origen
        celestial que pone todas las pasiones y todos los deseos bajo el control
        del  Espíritu  de  Dios;  y  esta  obra  es  realizada  por  medio  de  nuestro
        Señor y Salvador”. FO, 89.
          “En  nuestra  propia  fortaleza,  nos  es  imposible  negarnos  a  los
        clamores  de  nuestra  naturaleza  caída.  Por  su  medio,  Satanás  nos
        presentará tentaciones. Cristo sabía que el enemigo se acercaría a todo
        ser  humano  para  aprovecharse  de  las  debilidades  hereditarias  y
        entrampar, mediante sus falsas insinuaciones, a todos aquellos que no
        confían  en  Dios.  Y  recorriendo  el  terreno  que  el  hombre  debe
        recorrer, nuestro Señor ha preparado el camino para que  venzamos”.
        DTG, 98.
          “Su ejemplo demuestra que nuestra única esperanza de vida eterna
        consiste en sujetar los apetitos y pasiones a la voluntad de Dios”. DTG,

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