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“Poned  todo  vuestro  ser  en  las  manos  del  Señor,  alma,  cuerpo  y
        espíritu, y resolved convertiros en su instrumento amante y consagrado,
        impulsado  por  su  voluntad,  dominado  por  su  mente,  saturado  de  su
        Espíritu”. HHD, 107.
          “Humillaos  pues  bajo  la  poderosa  mano  de  Dios,  para  que  él  os
        ensalce  cuando  fuere  tiempo;  Echando  toda  vuestra  solicitud  en  él,
        porque  él  tiene  cuidado  de  vosotros.  Sed  templados,  y  velad;  porque
        vuestro  adversario  el  diablo,  cual  león  rugiente,  anda  alrededor
        buscando  a quien devore:  Al  cual resistid firmes  en la fe, sabiendo
        que las mismas aflicciones han de ser cumplidas en la compañía de
        vuestros hermanos que están en el mundo”. 1 Pedro 5:6-9.
          “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno
        ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay
        en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los
        ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo. Y el
        mundo se pasa,  y su concupiscencia; mas el que hace la voluntad de
        Dios, permanece para siempre”. 1 Juan 2:15-17.
          “Mantengamos firme la profesión de nuestra fe sin fluctuar; que
        fiel es el que prometió”. Hebreos 10:23.

                      Él Será Vuestro Abogado Si Caéis
          “Hijitos míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno
        hubiere  pecado,  abogado  tenemos  para  con  el  Padre,  a  Jesucristo  el
        justo”. 1 Juan 2:1.
          “El instante en que el hombre acogió bien las tentaciones de Satanás
        e hizo las mismas cosas que Dios le había dicho que no hiciera, Cristo,
        el Hijo de Dios, se colocó entre los vivos y los muertos, diciendo: 'Caiga
        el  castigo  sobre  mí.  Estaré  en  el  lugar  del  hombre.  El  tendrá  otra
        oportunidad'”. 1CB, 1099.
          ¿Qué trabajo realiza el Abogado? Él nos concede otra oportunidad.
          “Cuán cuidadoso es el Señor Jesús de no dar ninguna ocasión para
        que  el  alma  se  desespere.  ¡Cómo  defiende  y  protege  al  alma  de  los
        fieros ataques de Satanás! Si debido  a múltiples tentaciones pecamos
        por ser sorprendidos o engañados, él no se aleja de nosotros y nos deja
        para que perezcamos. No, no; ese no es nuestro Salvador. Cristo oraba
        por nosotros”. 7CB, 959.
          “Cristo.…  está  a  la  diestra  de  Dios,  el  que  también  intercede  por
        nosotros”. Romanos 8:34.
          Cuando Pedro estaba negando a su Señor, Jesús estaba orando por
        él y ansiando ayudarle.
          “La  misma  compasión  que  se  prodigó  para  rescatar  a  Pedro,  se
        extiende a cada alma que ha caído bajo la tentación. La treta especial
        de Satanás es inducir al hombre a pecar, y luego abandonarlo impotente
        y temblando, temeroso de buscar el perdón. Pero, ¿¡por qué hemos de
        temer,  cuando  Dios  ha  dicho:  'Echen  mano  esos  enemigos  de  mi
        fortaleza,  y  hagan  paz  conmigo!  ¡Sí,  que  hagan  paz  conmigo?'  Se  ha

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