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haber  recibido  luz  acerca  de  los  mandamientos  de  Dios,  hubiesen
        pecado ignorantemente al transgredir sus preceptos”. PE, 254.
          “Jesús,  en  sus  sufrimientos  y  muerte,  ha  hecho  expiación  para
        todos los pecados de ignorancia; pero no se ha preparado remedio
        para la ceguera voluntaria”. 5CB, 1118.
          “El  ojo  de  Dios  no  dormita.  Conoce  todo  pecado  oculto  ante  el  ojo
        mortal.  Los  culpables  saben  exactamente  qué  pecados  han  de
        confesar para que sus almas queden limpias delante de Dios. Jesús
        les  está  dando  otra  oportunidad  de  confesarlos,  y  arrepentirse  con
        profunda humildad y purificar su vida obedeciendo a la verdad y viviendo
        de acuerdo con ella”. 1T, 146.
          “La  verdadera  confesión  es  siempre  de  un  carácter  específico  y
        declara  pecados  particulares.  Pueden  ser  de  tal  naturaleza  que
        solamente pueden presentarse delante de Dios. Pueden ser males que
        deben  confesarse  individualmente  a  los  que  hayan  sufrido  daño  por
        ellos;  pueden  ser  de  un  carácter  público  y,  en  ese  caso,  deberán
        confesarse públicamente. Toda confesión debe hacerse definida y al
        punto, reconociendo los mismos pecados de que seáis culpables”.
        CC, 37-38.
          “Si  confesamos  nuestros  pecados,  él  es  fiel  y  justo  para  que  nos
        perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad”. 1 Juan 1:9.
          “Se  ha  hecho  una  sola  provisión  para  el  transgresor.  El  fiel
        arrepentimiento, la confesión del pecado y la fe en la sangre purificadora
        de Cristo traerán perdón, y esta palabra se escribirá junto a su nombre”.
        2T, 263.
          “Bienaventurado aquel cuyas iniquidades son perdonadas, y borrados
        sus  pecados.  Bienaventurado  el  hombre  á  quien  no  imputa  Jehová  la
        iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay superchería”. Salmos 32:1-2.
          “La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”. 1
        Juan 1:7.

                       Perdonaos los Unos a los Otros
          “Mirad por vosotros: si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se
        arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete
        veces al día se volviere a ti, diciendo, pésame, perdónale”. Lucas 17:3-4.
          “Si  un  hermano  yerra,  perdónale  si  te  lo  solicita.  Si  no  es  lo
        suficientemente humilde para hacerlo, perdónalo en tu corazón,  y
        expresa tu perdón en palabra y en acción. Entonces el peso de su
        pecado  no  reposará  en  ti  en  grado  alguno.  ‘Considerándote  a  ti
        mismo,  no  sea  que  tú  también  seas  tentado’....  Y  nosotros  debemos
        perdonar no sólo siete veces, sino setenta veces siete. Justo con tanta
        frecuencia como Dios nos perdona, debemos perdonarnos unos a otros.
          “Un  hombre  nunca  debe  decir  a  otro,  ‘Cuando  yo  vea  que  te  has
        reformado, entonces te perdonaré’. Este no es el plan de Dios. Esto está
        de acuerdo con los impulsos de la naturaleza humana. Al mostrar que
        no deseas relacionarte con tu hermano, no sólo hieres su alma y la tuya,

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