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Jesús”. CC, 67.
          “Corra  una  fe  viva  cual  hilo  de  oro,  en  toda  la  ejecución  de  los
        deberes aun más humildes. Entonces toda la tarea diaria promoverá el
        crecimiento  cristiano.  Habrá  una  continua  contemplación  de  Jesús.  El
        amor  por  él  dará  fuerza  vital  a  cuanto  se  emprenda.…  Esta  es  la
        verdadera  santificación;  porque  la  santificación  consiste  en  la
        alegre ejecución de los deberes diarios en perfecta obediencia a la
        voluntad de Dios”. PVGM, 294.
          “Y el Dios de paz os santifique en todo; para que vuestro espíritu  y
        alma  y  cuerpo  sea  guardado  entero  sin  reprensión  para  la  venida  de
        nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os ha llamado; el cual también
        lo hará”. 1 Tesalonicenses 5:23-24.

                        Llevad Vuestros Hijos a Jesús
          “Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reñían a
        los que los presentaban. Y viéndolo Jesús, se enojó, y les dijo: Dejad los
        niños  venir,  y  no  se  lo  estorbéis;  porque  de  los  tales  es  el  reino  de
        Dios.... Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los
        bendecía”. Marcos 10:13-16.
          “Los  niños  que  no  han  experimentado  el  poder  purificador  de
        Jesús son presa legítima del enemigo, y los malos ángeles tienen
        fácil  acceso  a  ellos.  Algunos  padres  son  descuidados  y  permiten
        que  sus  hijos  se  críen  con  muy  poca  restricción.  Pero  tienen  una
        gran  obra  que  hacer  para  corregirlos,  prepararlos,  llevarlos  a  Dios  y
        pedir su bendición sobre ellos. Por los esfuerzos fieles e incansables de
        los padres, y la bendición y gracia concedida a los hijos en respuesta a
        las oraciones de los padres, será quebrantado el poder de los ángeles
        malignos,  y  se  derramará  sobre  los  hijos  una  influencia  santificadora.
        Así serán rechazadas las potestades de las tinieblas”. CM, 113-114.
          “Acudan  las  madres  a  Jesús  con  sus  perplejidades.  Hallarán  gracia
        suficiente para ayudarles en la dirección de sus hijos. Las puertas están
        abiertas  para  toda  madre  que  quiera  poner  sus  cargas  a  los  pies  del
        Salvador. El que dijo: 'Dejad los niños venir a mí, y no se los impidáis,'
        sigue  invitando  a  las  madres  a  conducir  a  sus  pequeñuelos  para  que
        sean  bendecidos  por  él.  Aun  el  lactante  en  los  brazos  de  su  madre,
        puede  morar  bajo  la  sombra  del  Todopoderoso  por  la  fe  de  su madre
        que  ora.  Juan  el  Bautista  estuvo  lleno  del  Espíritu  Santo  desde  su
        nacimiento.  Si  queremos  vivir  en  comunión  con  Dios,  nosotros
        también  podemos  esperar  que  el  Espíritu  divino  amoldará  a
        nuestros  pequeñuelos,  aun  desde  los  primeros  momentos”.  DTG,
        473.
          “Dios ha colocado sobre los padres y madres la tarea de salvar a sus
        hijos del poder del enemigo. Esa es su obra, y no debieran descuidarla
        por ninguna razón. Los padres que mantienen una conexión viviente con
        Cristo  no  descansarán  hasta  no  ver  a  sus  hijos  a  salvo  en  el  redil.
        Considerarán que ésta es la responsabilidad de su vida”. 7T, 13.

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