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pecado hablar con impaciencia o mal humor, o sentir ira -aun cuando no
hablemos. Debemos trabajar dignamente, y representar correctamente a
Cristo. Hablar palabras airadas es como golpear un pedernal contra otro
pedernal: inmediatamente surgen las chispas de los sentimientos
airados”. CN, 87.
“La blanda respuesta quita la ira: Mas la palabra áspera hace subir el
furor”. Proverbios 15:1.
“La impaciencia trae al enemigo de Dios y del hombre a vuestra
familia y echa a los ángeles de Dios. Si estáis viviendo en Cristo, y
Cristo en vosotros, no podéis hablar palabras airadas. Padres y madres,
os suplico por el amor de Cristo que seáis bondadosos, tiernos y
pacientes en vuestros hogares”. ELC, 99.
“Tenemos mucho que aprender con relación a la crianza de los niños.
Al enseñar a los pequeños a hacer las cosas, no debemos regañarlos.
Nunca deberíamos decir, ‘¿Por qué no hiciste esto?’ Decir, ‘Niños,
ayudad a la madre a hacer esto;’ o, ‘Venid, niños, hagamos esto’.
Acompañadlos al hacer estas cosas. Cuando terminen su trabajo,
exaltadlos”. RH, 06/23/03.
“Una mirada de aprobación, una palabra de aliento o de encomio,
serán en sus corazones como rayos de sol que muchas veces harán
feliz el día”. HAD, 169.
“El padre debe hacer que rijan en su familia las virtudes más austeras:
la energía, la integridad, la honradez, la paciencia, la diligencia y el
sentido práctico. Y lo que exija de sus hijos debe practicarlo él mismo,
dando ejemplo de dichas virtudes con su comportamiento varonil.
Pero, padres, no desalentéis a vuestros hijos. Combinad el cariño con
la autoridad, la bondad y la simpatía con la firme represión”. MC, 303.
“Hágase sentir a los jóvenes que se les tiene confianza y pocos serán
los que no traten de mostrarse dignos de ella. Según el mismo principio,
es mejor pedir que ordenar; así se da oportunidad a la persona a quien
uno se dirige de mostrarse fiel a los principios justos. Su obediencia es
más bien resultado de su propia decisión que de la obligación”. ED, 290.
“El objeto de la disciplina es educar al niño para qué se gobierne solo.
Se le debería enseñar la confianza en sí mismo y el dominio propio. Por
lo tanto, tan pronto como sea capaz de comprender, se debería lograr
que su razón esté de parte de la obediencia. Procúrese, al tratarlo, que
él vea que la obediencia es justa y razonable. Ayúdesele a ver que todas
las cosas están sujetas a leyes y que la desobediencia conduce, al fin, al
desastre y el sufrimiento”. ED, 287.
“Instruye al niño en su carrera: Aun cuando fuere viejo no se apartará
de ella”. Proverbios 22:6.
“A menos que los padres hagan de la dirección de sus hijos la primera
ocupación de la vida, para conducirlos por sendas de justicia desde sus
más tiernos años, la senda errónea será elegida antes que la correcta”.
CN, 462.
“La vara y la corrección dan sabiduría: Mas el muchacho consentido
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