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79-80.
“Las reglas deberían ser poco numerosas pero bien meditadas; y una
vez promulgadas, se deberían aplicar. La mente aprende a reconocer y
adaptarse a todo lo que le resulte imposible de cambiar; por el contrario,
la posibilidad de que haya lenidad despierta el deseo, la esperanza y la
incertidumbre, y los resultados son la inquietud, la irritabilidad y la
insubordinación”. ED, 290.
“No les deis ninguna cosa que pidan llorando, aun cuando vuestro
corazón compasivo desee mucho complacerlos; porque si una vez
ganan la victoria incesante el llanto, esperarán hacerlo una vez más”.
CN, 84.
“Nunca permití que mis hijos pensaran que podían molestarme en su
niñez. También crié en mi familia a otros de otras familias, pero nunca
permití que esos niños pensaran que podían molestar a su madre.
Nunca me permití decir una palabra áspera o impacientarme o enojarme
con los niños. Nunca llegaron al punto de provocarme a ira, ni una sola
vez. Cuando se agitaba mi espíritu o cuando me parecía que iba a
perder los estribos, decía: 'Niños, dejemos esto en paz ahora; no
diremos nada más de esto ahora. Lo trataremos otra vez antes de
acostarnos.' Teniendo todo ese tiempo para reflexionar, al anochecer se
habían aplacado y yo podía tratarlos muy bien....
Hay una forma correcta y una forma equivocada. Nunca levanté la
mano a mis hijos antes de hablarles. Y si se quebrantaban y si
reconocían su falta (y siempre lo hicieron cuando la presenté delante de
ellos y oré con ellos) y si se sometían (siempre lo hicieron cuando yo
procedía así), entonces los tenía dominados. Nunca actuaron de otra
manera. Cuando oraba con ellos, se quebrantaban por completo, me
echaban los brazos al cuello y lloraban”. CN, 237-238.
“Los niños son por naturaleza sensibles y amantes. Es fácil
complacerlos, o hacerles sentirse desdichados. Mediante una disciplina
suave de palabras y actos amables, las madres pueden ligar a sus hijos
con su propio corazón. Es un grave error manifestar severidad y ser
autoritario con los niños. La firmeza uniforme y un gobierno sereno son
necesarios para la disciplina de toda familia. Decid con calma lo que
queréis decir; obrad con consideración, y cumplid sin desviación lo que
decís”. HAD, 278.
“Algunos padres están sujetos a sus hijos. Temen contrariar su
voluntad, y por lo tanto ceden a lo que les exigen. Pero mientras que los
hijos están bajo el techo de sus padres, y dependen de ellos, deben
estar sujetos a su voluntad. Los padres deben obrar con decisión,
requiriendo que se acate lo que ellos consideran correcto”. 1JT, 76.
“Mezclen la bondad y el afecto y el amor en el gobierno de su
familia, y sin embargo sean tan firmes como una roca en los
principios correctos”. CN, 246.
“Corrige a tu hijo, y te dará descanso, Y dará deleite a tu alma”.
Proverbios 29:17.
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