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sendero del Señor”. CN, 528.
“Léales la enseñanza de la Biblia acerca de la conversión. Muéstreles
cuál es el fruto de la conversión, la evidencia de que aman a Dios.
Muéstreles que la verdadera conversión es un cambio de corazón, de
pensamientos y propósitos. Han de renunciar a las malas costumbres.
Han de desechar los pecados de la maledicencia, los celos y la
desobediencia. Deben sostener una guerra contra toda característica
mala”. EV, 229.
“Tratad a vuestros hijos honesta y fielmente. Trabajad con valor y
paciencia. No temáis llevar ninguna cruz, no escatiméis tiempo ni
trabajo, carga o sufrimiento. El futuro de vuestros hijos dará testimonio
de la calidad de vuestra labor. Vuestra fidelidad a Cristo hallará mejor
expresión en el carácter simétrico de vuestros hijos que de cualquiera
otra manera”. 5T, 37-38.
“Una familia bien ordenada y disciplinada influye más en favor
del cristianismo que todos los sermones que se puedan predicar”.
HAD, 26.
“La medida de vuestro cristianismo es calibrada por el carácter de
vuestra vida familiar. La gracia de Cristo capacita a su poseedor para
hacer del hogar un lugar feliz, lleno de paz y descanso. A menos que
tengáis el espíritu de Cristo, no sois suyos”. CN, 454.
“Dios desea que os consagréis plenamente a él y representéis su
carácter en el círculo familiar”. CN, 454.
“Pero sé ejemplo de los fieles en palabra, en conversación, en
caridad, en espíritu, en fe, en limpieza”. 1 Timoteo 4:12.
“Hay pocos padres que se dan cuenta de cuán importante es dar a
sus hijos la influencia de un ejemplo piadoso.… No hay otro medio
más eficaz para educarlos en el buen camino”. ELC, 212.
“Que los padres vivan en el hogar la vida de Cristo, y la
transformación en las vidas de sus hijos testificará del poder de Dios,
que obra milagros”. RH, 07/08/02.
“Según os conduzcáis en vuestro hogar, queda anotado vuestro
nombre en los libros del cielo. El que quiera llegar a ser santo en el cielo
debe ser primero santo en su propia familia”. HAD, 286.
Disciplinad a Vuestros Hijos Con Amor
“Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos; sino criadlos
en disciplina y amonestación del Señor”. Efesios 6:4.
“El padre, como sacerdote del hogar, debiera tratar suave y
pacientemente a sus hijos. Debiera ser cuidadoso de no despertar en
ellos un carácter combativo. No debiera permitir que la transgresión siga
sin ser corregida, y sin embargo hay una forma de corregir sin despertar
las peores pasiones del corazón humano. Hable con amor a sus hijos,
diciéndoles cuánto agraviaron al Salvador con su conducta; y después
arrodíllese con ellos delante del propiciatorio y preséntelos a
Cristo, orando para que él tenga compasión de ellos y los guíe al
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