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“No hay maldición más grande en una casa que la de permitir a los
        niños  que  hagan  su  propia  voluntad.  Cuando  los  padres  acceden  a
        todos  los  deseos  de  sus  hijos  y  les  permiten  participar  en  cosas  que
        reconocen  perjudiciales,  los  hijos  pierden  pronto  todo  respeto  por  sus
        padres, toda consideración por la autoridad de Dios o del hombre, y son
        llevados cautivos de la voluntad de Satanás”. PP, 626.
          “Elí fue maldecido por Dios porque no refrenó a sus hijos inicuos en
        forma pronta y decidida”. 4T, 651.
          “El  Señor  no  justificará  el  mal  gobierno  de  los  padres.  Hoy  día
        centenares  de  hijos  hinchen  las  filas  del  enemigo,  viviendo  y  obrando
        apartados  de  los  propósitos  de  Dios.  Son  desobedientes,  ingratos,  no
        son  santos;  pero  el  pecado  yace  a  la  puerta  de  sus  padres.  Padres
        cristianos, millares de hijos perecen en sus pecados debido al fracaso
        de sus padres en el sabio manejo del hogar”. CN, 169.
          “Ni una partícula de desacuerdo debería ser mostrada por los padres
        en el manejo de sus niños. Los padres han de actuar juntos como una
        unidad.  No  debe  existir  división.  Pero  muchos  padres  obran  con
        propósitos  encontrados,  y  de  esta  manera  los  niños  son  perjudicados
        por  el  manejo  incorrecto.  Si  los  padres  no  están  de  acuerdo,  que  se
        ausenten de la presencia de sus niños hasta que lleguen a un acuerdo”.
        RH, 03/30/97.
          “Toda ciudad ó casa dividida contra sí misma, no permanecerá”.
        Mateo 12:25.
          “Los padres, como fieles mayordomos de la multiforme gracia de Dios,
        deben hacer paciente y amorosamente la obra a ellos encomendada.…
        Todo debe hacerse con fe. Deben orar constantemente para que Dios
        imparta  su  gracia  a  sus  hijos.  Nunca  deberían  llegar  a  cansarse,
        impacientarse o irritarse con su obra. Deben aferrarse estrechamente de
        sus hijos y de Dios”. 3CB, 1172.
          “Debiéramos orar a Dios mucho más de lo que lo hacemos. Hay gran
        fortaleza y bendición al orar juntos en familia con nuestros hijos y para
        ellos.  Cuando  mis  hijos  han  cometido  errores  y  he  hablado  con  ellos
        bondadosamente  y  luego  he  orado  con  ellos,  nunca  he  encontrado  la
        necesidad de castigarlos después. Su corazón se conmovía de ternura
        delante  del  Espíritu  Santo  que  venía  en  respuesta  a  la  oración”.  CN,
        497.
          “No  os  impacientéis  con  vuestros  hijos  cuando  yerran.  Cuando  los
        corrijáis,  no  les  habléis  abrupta  y  duramente.  Esto  los  confunde  y  les
        hace temer decir la verdad”. CN, 139.
          “Cuando  los  niños  han  cometido  una  falta,  ellos  mismos  están
        convictos  de  su  pecado  y  se  sienten  humillados  y  desasosegados.
        Reprenderlos  frecuentemente  por  sus  faltas,  dará  como  resultado
        hacerlos tercos y enconados”. CN, 232.
          “La  lección  que  se  debe  enseñar  a  los  niños  es  que  sus  errores  y
        faltas  han  de  ser  presentados  a  Jesús  en  la  misma  niñez  de  su  vida.
        Enseñadles  a  pedir  perdón  diariamente  por  cualquier  error  que  hayan

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